Ya no sé cómo decírselo a amigos y gente que me escribe por chat: no es el comienzo de la tercera guerra mundial. Parad ya.
Tenéis que entender a las personas.
Putin no quiere ser recordado como el que destruyó a la humanidad. Su ego quiere reconocimiento y los rusos quieren los territorios rusófonos, no la guerra (de hecho se lo tomó fatal cuando intervinimos: para él las zonas invadidas son rusas y son problemas entre él y Ucrania, no nuestros). Ya sé que en los periódicos leéis otra cosa, pero la geopolítica y las acciones son claras.
Trump sigue la teoría de juegos. Pero en la teoría de juegos hay varios roles. Trump es el que, cuando dos coches apuntan uno hacia el otro (chicken game), gira el volante en el último momento. No el que sigue recto. Se inventó un certificado médico falso para no hacer el servicio militar y su concepto real es el lujo de Nueva York (y los placeres de la carne, como enseñan los Epstein Files). Todo lo MAGA es solo humo electoral para pillar votos de idiotas.
Xi Jinping es un líder fuerte pero no totalitario. La costa de China ya vive en el futuro y quiere cualquier cosa menos la guerra, ya que es riquísima. El interior vive diez años atrás pero no tiene todas esas ganas de revancha contra EE.UU. Trump les cortó el suministro de Venezuela e Irán y sin embargo no estalló ninguna guerra porque viraron con Rusia. China no tiene toda esa potencia naval, por cierto.
Hay mil razones para considerar absurda cualquier hipótesis de tercera guerra mundial si se miran las cosas de forma objetiva y directa, sin pasar por interpretaciones clickbait.