Hay dos problemas en esta imagen (que es claramente clickbait, no nacimos ayer):
1) Desde hace años la socialización primaria y secundaria ya no es tan marcada. Muchísimos padres dejan elegir a sus hijos. Una hija (que adoro) de dos amigos míos se vuelve loca por los superhéroes. Un hijo de unos conocidos míos tiene un gusto increíble para la ropa.
2) La relación entre naturaleza y cultura es complejísima y simplificarla es un insulto a cualquier máster en humanidades. Literalmente estudiamos una vida para sensibilizarnos a las señales y los estudios de un lado y del otro. Así que conviene que sepáis que hay, de todos modos, también una tendencia innata en los dos géneros. Más allá de la literatura vastísima, muchísimas madres que persiguen una educación y socialización libre y agénero, tarde o temprano se encuentran con que el hijo varón quiere los cochecitos y la hija las muñecas. No siempre. No todas. Pero la cuestión existe.
¿Es genética? ¿Socialización escolar y en el grupo de iguales? ¿Medios? Imposible desenredar, pero hay una tendencia.
Como tampoco se pueden ignorar las hormonas. Es cierto que con los disruptores endocrinos y los microplásticos los varones se están feminizando cada vez más (y es un problema nada trivial): reducción de testosterona, reducción de la distancia ano-escrotal, caída de la fertilidad, aumento del tejido mamario, y así sucesivamente. Pero las hormonas no son conceptos abstractos: son instrucciones dadas a cuerpo y mente para orientarnos. Negarlo es estúpido. Durante la preadolescencia y adolescencia recuerdo que, a pesar de mi socialización primaria por parte de mis padres como hijo de hippies y "open minded", sentía un fortísimo impulso a la agresividad, necesitaba ver películas violentas, nunca tenía cansancio, todo era una competición, tenía una propensión al riesgo exagerada y, con la perspectiva del tiempo, completamente suicida (sigo vivo de milagro y gracias a un par de personas maravillosas que me salvaron). Eso son hormonas.
Así que: es complicado.


